Principal arrow Libros arrow Bibliografía de Isabel Allende y primer capítulo de "Hija de la fortuna"
Bibliografía de Isabel Allende y primer capítulo de "Hija de la fortuna" PDF Imprimir E-Mail
Isabel Allende, nació en 1942 en Lima, Perú donde su padre era diplomático. Abandonó Chile tras el golpe de estado que en 1973 derrocó al Presidente Salvador Allende Gossens, su tío. Mientras miles de compatriotas morían asesinados en los primeros días del golpe, cientos de miles serían encarcelados, cerca de 2.500 desaparecerían durante los años de la dictadura del general Augusto Pinochet y muchos serían obligados a tomar el camino del exilio. Isabel Allende fue una de ellos; primero se exiliaba en Caracas, Venezuela, y después se trasladaba a California donde vive actualmente.

Periodista de profesión, tuvo durante 15 años una columna humorística en su país y más tarde en Venezuela. Hizo televisión, escribió crónicas periodísticas que abarcaron diversidad de temas, obras de teatro y cuentos infantiles. Hoy es sin duda la novelista latinoamericana más leída en el mundo.

"En mis libros -ha dicho Isabel Allende- he querido contar la tragedia de este torturado continente y la esperanza de los hombres y mujeres que luchan por un mundo mejor."

Toda su obra literaria ha sido escrita en el exilio, aunque Chile es el centro geográfico de la mayor parte de sus historias. En su libro "La casa de los espíritus" (1982) Isabel narra sus recuerdos de infancia, aquellos que poblaron la vieja casona habitada por sus abuelos, aquella que le abrió las puerta al mundo de la fantasía y de los libros. Esta novela nos ofrece una visión de la historia de Chile a través de los ojos y el sentir de las mujeres, personajes claves que componen esas cuatro generaciones de la dinastía de los Trueba.

Le sigue "De amor y de sombra" (1984) en la cual relata la aparición en una mina del norte de Chile de los cuerpos de campesinos asesinados por los servicios de seguridad de la dictadura. Meses más tarde la ficción se transforma en realidad cuando efectivamente se dieron a conocer los detalles sobre el descubrimiento de uno de los primeros cementerios clandestinos del país.

En 1987 publica "Eva Luna" a la que le siguen "Los cuentos de Eva Luna" (1988), primeras obras en las que no aparece directamente reflejada la temática de la dictadura. En 1991 aparece "El plan infinito", basada en la vida de William Gordon quien le confió sus secretos y quien es hoy su marido. Más tarde ya en 1994, "y para no volverme loca" según propia confesión, escribió "Paula" en la que describe la terrible enfermedad que terminó con la vida de su joven hija.
El 21 de abril de 1998 presentó "Afrodita" en Barnes & Noble en New York y dijo: "escribo porque soy una comunicadora, al comienzo fui periodista, necesito contar mis historias, necesito de la otra parte de mis libros, de ustedes, los lectores, sin los cuales mi obra no estaría completa".

Su próximo libro será "Hija de la fortuna" (1999) y le seguirá "Retrato en sepia" (2000). Eliza, la protagonista, "es una muchacha joven, muy joven, que nace en Valparaíso y se va a California detrás de un amor y, como le pasó a los aventureros que buscaban oro, encontró otra cosa," dice Isabel Allende. Y a la escritora le ocurrió otro tanto: "En California encontré a un gringo" Cuanto pasa en "Hija de la fortuna" sucede durante la fiebre del oro, "una época llena de violencia, excesos, crueldad, codicia y, al mismo tiempo, utopía". También se puede hacer esta otra lectura, nos dice Isabel Allende: "La historia es una especie de viaje iniciático que simboliza lo que ha ocurrido con las mujeres de mi generación".

”La ciudad de las bestias (2002) narra las aventuras de Alexander Cold, el joven protagonista al que sus padres deciden enviar a casa de su abuela Kate en Nueva York. A Alex, en principio, la idea no le gusta nada, pero cuando llega a destino, se da cuenta de que su abuela, una escritora valiente y aventurera que trabaja en una revista de viajes, lo recibe con una sorpresa: viajarán juntos a la selva amazónica, en una expedición muy especial cuyo fin es la búsqueda de una criatura gigantesca, desconocida y mal oliente.

En su última novela “Zorro” (2005), Isabel Allende se imagina la historia de Diego de la Vega y cómo se convirtió en el veloz y ágil rebelde y defensor de los marginados. En una inspiradora asociación entre autor y personaje, Zorro es una historia muy entretenida que examina la dualidad de un complejo personaje que se encuentra en medio de dos culturas.

Aquí tenéis el primer capítulo de su libro "Hija de la fortuna" titulado Valparaiso.

Valparaiso

Todo el mundo nace con algún talento especial y Eliza Sommers descubrió temprano que ella tenía dos: buen olfato y buena memoria. El primero le sirvió para ganarse la vida y el segundo para recordarla, si no con precisión, al menos con poética vaguedad de astrólogo. Lo que se olvida es como si nunca hubiera sucedido, pero sus recuerdos reales o ilusorios eran muchos y fue como vivir dos veces. Solía decirle a su fiel amigo, el sabio Tao Chi'en, que su memoria era como la barriga del buque donde se conocieron, vasta y sombría, repleta de cajas, barriles y sacos donde se acumulaban los acontecimientos de toda su existencia. Despierta no era fácil encontrar algo en aquel grandísimo desorden, pero siempre podía hacerlo dormida, tal como le enseño Mama Fresia en las noches dulces de su niñez, cuando los contornos de la realidad eran apenas un trazo fino de tinta pálida. Entraba al lugar de los sueños por un camino muchas veces recorrido y regresaba con grandes precauciones para no despedazar las tenues visiones contra la áspera luz de la consciencia. Confiaba en ese recurso como otros lo hacen en los números y tanto afinó el arte de recordar, que podía ver a Miss Rose inclinada sobre la caja de jabón de Marsella que fuera su primera cuna.

-- Es imposible que te acuerdes de eso, Eliza. Los recién nacidos son como los gatos, no tienen sentimientos ni memoria -- sostenía Miss Rose en las pocas ocasiones en que hablaron del tema.

Sin embargo, esa mujer mirándola desde arriba, con su vestido color topacio y las hebras sueltas del moño alborotadas por el viento, estaba grabada en la memoria de Eliza y nunca pudo aceptar la otra explicación sobre su origen.

-- Tienes sangre inglesa, como nosotros -- le aseguró Miss Rose cuando ella tuvo edad para entender -- . Sólo a alguien de la colonia británica se le habría ocurrido ponerte en una cesta en la puerta de la Compañía Britínica de Importación y Exportación. Seguro conociá el buen corazón de mi hermano Jeremy y adivinó que te recogería. En ese tiempo yo estaba loca por tener un hijo y tú caíste en mis brazos enviada por el Señor, para ser educada en los sólidos principios de la fe protestante y el idioma inglés.

-- ¿Inglesa tú? Nina, no te hagas ilusiones, tienes pelos de india, como yo -- refutaba Mama Fresia a espaldas de su patrona.

El nacimiento de Eliza era tema vedado en esa casa y la niña se acostumbró al misterio. Ése, como otros asuntos delicados, no lo mencionaba ante Rose y Jeremy Sommers, pero lo discutía en susurros en la cocina con Mama Fresia, quien mantuvo invariable su descripción de la caja de jabón, mientras que la versión de Miss Rose fue adornándose con los años hasta convertirse en un cuento de hadas. Según ella, la cesta encontrada en la oficina estaba fabricada del mimbre más fino y forrada en batista, su camisa era bordada en punto abeja y las sábanas orilladas con encaje de Bruselas, además iba arropada con una mantita de piel de visón, extravagancia jamás vista en Chile. Con el tiempo se agregaron seis monedas de oro envueltas en un pañuelo de seda y una nota en inglés explicando que la niña, aunque ilegítima, era de muy buena estirpe, pero Eliza nunca vislumbró nada de eso. El visón, las monedas y la nota desaparecieron convenientemente y de su nacimiento no quedó rastro. La explicación de Mama Fresia, sin embargo, se parecía mas a sus recuerdos: al abrir la puerta de la casa una mañana a finales del verano, encontraron una criatura de sexo femenino desnuda dentro de una caja.

-- De mantita de visón y monedas de oro, nada. Yo estaba allí y me acuerdo muy bien. Venías tiritando en un chaleco de hombre, ni un pañal te habian puesto, y estabas toda cagada. Eras una mocosa colorada como una langosta recocida, con una pelusa de choclo en la coronilla. Ésa eras tú. No te hagas ilusiones, no naciste para princesa y si hubieras tenido el pelo tan negro como lo tienes ahora, los patrones habrían tirado la caja en la basura -- sostenía la mujer.

Al menos todos coincidían en que la niña entró en sus vidas el 15 de marzo de 1832, año y medio después de la llegada de los Sommers a Chile, y por esa razón designaron la fecha como la de su cumpleaños. Lo demás siempre fue un cúmulo de contradicciones y Eliza concluyó finalmente que no valía la pena gastar energía dandole vueltas, porque cualquiera que fuese la verdad, de ningún modo podia remediarse. Lo importante es lo que uno hace en este mundo, no cómo se llega a él, solía decirle a Tao Chi'en durante 1os muchos años de su espléndida amistad, pero él no estaba de acuerdo, le resultaba imposible imaginar su propia existencia separado de la larga cadena de sus antepasados, quienes habían contribuido no sólo a darle sus características físicas y mentales, sino que también le habían legado el karma. Su suerte, creía, estaba determinada por las acciones de los parientes que habían vivido antes, por eso se debía honrarlos con oraciones diarias y temerlos cuando aparecían en espectrales ropajes a reclamar sus derechos. Tao Chi'en podia recitar los nombres de todos sus antepasados, hasta los más remotos y venerables tatarabuelos muertos hacía más de un siglo. Su mayor preocupación en los tiempos del oro consistía en regresar a morir en su pueblo en China para ser enterrado junto a los suyos; de lo contrario su alma vagaría para siempre a la deriva en tierra extranjera. Eliza se inclinaba naturalmente por la historia de la primorosa cesta -- a nadie en su sano juicio le gusta aparecer en una caja de jabón ordinario -- pero en honor a la verdad no podía aceptarla. Su olfato de perro perdiguero recordaba muy bien el primer olor de su existencia, que no fue el de sábanas limpias de batista, sino de lana, sudor de hombre y tabaco. El segundo fue un hedor montuno de cabra.  


 
< Anterior   Siguiente >